¿Existe la pareja ideal?

Requisitos más, requisitos menos, todos buscamos ciertas características en la persona que soñamos como compañía. Conocer nuestros gustos, necesidades y objetivos en la vida, debe ser el punto de partida para encontrar un “otro”.

Desde nuestra más temprana infancia nos vemos invadidos por ideales descritos en los cuentos. Princesas y príncipes hacen que nuestra imaginación vuele hasta sitios insospechados, entregándoles características perfectas e inigualables.

Sin embargo, la realidad es otra. Y aunque los “príncipes azules” o las “bellas princesas” no existen, la tendencia es que, por naturaleza, queramos estar en pareja y sentirnos bien en compañía de alguien que reúna ciertas características particulares.

Conocerme para conocer

Para los especialistas en pareja, los seres humanos somos gregarios, es decir, individuos sociables. Y dentro de esta sociabilidad buscamos tener una pareja con la cual compartir de manera estable nuestras vidas o parte de ella. Entonces, la necesidad de que hombres y mujeres busquen constantemente compañía, obedece a esa característica propia de nuestra humanidad.

Sin embargo, los especialistas aclaran que “antes de buscar una compañía externa, uno debiera ser capaz de encontrar y disfrutar de la propia compañía y, de esta forma, no buscar a otro para satisfacer una carencia, sino porque se ha decidido disfrutar de su compañía”.

Cuando iniciamos la búsqueda, no debemos actuar en base a ideales ni a conceptos pre concebidos por otros. Debemos apreciar nuestros propios gustos, estilo de vida, valores y aspectos que nos parezcan “familiares”.

Es muy importante considerar mis características, mis necesidades, mis objetivos y metas en la vida, las cosas que me gustan y también las que no me gustan, entre otros aspectos. Es decir, conocerme y considerarme yo en mi totalidad y, a partir de eso, podré sentir que elijo una determinada pareja y no que es la pareja que “me tocó.

Con lo anterior, deberíamos tener claridad sobre si la persona que tenemos frente a nuestros ojos, es aquella con quien queremos estar, establecer un vínculo o construir una relación de pareja, con todo lo que eso implica.

¿Ser pareja o estar en pareja?

La certeza acerca de lo que quiero y lo que no deseo, es fundamental en este tema. “Cuando tengo claridad del tipo de relación que deseo, puedo enfocar mis energías en ello y los resultados serán acordes a los esfuerzos realizados. Cuando no tengo certeza acerca de cómo me gustaría que sea este vínculo, puedo invertir muchas energías, incluso más que en el primer caso, pero no sabré ni lograré sentir que los resultados son los esperados, ya que no tengo ningún punto de referencia”, señalan los especialistas.

En ese sentido, esforzarse por conseguir los objetivos planteados entregará satisfacción, ya que supone que el individuo fue partícipe de manera activa en la búsqueda concreta.

De esta forma, los requisitos que cada persona debe poner en su lista de potenciales candidatos, serán distintos en cada caso, en cada etapa de la vida y después de cada experiencia. Estos podrán ir variando, ya que como sujetos vamos constantemente cambiando.

“En terapia de pareja se hace la distinción entre “ser pareja” y “estar en pareja”. En el primer caso, hay una construcción de un nosotros, de una realidad consensuada en la que ambos somos partícipes. En el segundo, cada integrante de la pareja tiene su propia realidad y espacio. No hay un nosotros”, puntualizan los terapeutas de pareja.

Considerar esta distinción, permitirá entender ciertas dificultades que, en ocasiones, se dan a partir de que uno de los individuos quiere “ser pareja” y el otro “estar pareja”. La opinión especializada es que ambas opciones son válidas, pero no compatibles.

Búsqueda de la felicidad

Comunicación, transparencia, coordinación, decisión voluntaria de estar en compañía y sentirse feliz con el otro, parecen ser las claves en este dilema.

La comunicación clara y transparente es fundamental para construir una relación sólida, que me permita conocer a ese otro de la mejor forma posible y coordinarnos. Es fundamental olvidarse del mito de la bola de cristal, la telepatía o creer que el otro es “Mandrake el mago”, ya que es imposible que ese otro sepa algo de mí, si yo no se lo comunico con claridad.

Entonces, decidir estar en la relación hace que nos sintamos partícipes de esta construcción y, por lo tanto, deberíamos tender a buscar distintas alternativas u opciones para sentirnos cómodos y felices, haciendo los cambios necesarios para que ello ocurra y no simplemente culpando al otro en todos los conflictos.

Es muy importante sentirse feliz. Experimentar esa felicidad estable, ese estado de tranquilidad y confianza, que pese a las dificultades no cuestiona la relación.

El mito de la “media naranja”

Para formar una pareja se necesitan dos personas. Y en la conquista tendremos que “apuntar” al destino adecuado, poniendo real atención en lo que nos gusta o disgusta de esa persona. Muchas veces, nos deslumbramos por alguna característica particular que nos llama poderosamente la atención y que nos hace omitir todo el resto, aspectos que en algún minuto afloran para desilusionar al conquistador/a.

Otras veces, nos obsesionamos por conseguir el cariño o la atención, justamente de quien no nos corresponde. Y es aquí donde muchas personas reconocen que no soportan la indiferencia o el rechazo, haciendo emerger el ego y perseverando en un romance que pasa a ser un verdadero desafío, sin poner atención en lo que nos gusta o disgusta de esa persona.

Sobre los indicadores que nos deberían alertar de que “esa” persona no es para nosotros, Mónica Silva, directora de Vivir en Pareja señala que “una clara señal es cuando la relación en la que me encuentro no me hace feliz o que si la pongo en una balanza, las sensaciones que se generan en mí son principalmente negativas y no positivas y que pese a los intentos por mejorar la relación, esto no tiene el efecto esperado. Aquí, creo que el problema no es del otro, sino que la dificultad está en que ambos no logramos coordinarnos”.

Finalmente, sobre la eterna búsqueda de la “media naranja”, la psicóloga puntualiza que este es un mito que más bien interfiere a la hora de establecer una relación. “Sería mejor hablar de “dos naranjas”, ambas completas, con sus propias características y potencialidades, listas para desplegarse en este encuentro, y dar el mejor sabor de sí”.