Se trata de un tema que diariamente debemos enfrentar, tanto por los gastos que se generan en los hogares, como por los estímulos de la sociedad consumista en que vivimos. Negociar y renegociar para llegar a acuerdos, parece ser la clave.La frase “contigo pan y cebolla” es lo que debería reflejar la relación de las parejas en todo lo que involucra dineros. Lo cierto es que pocas veces se respeta, ya que se trata de un tema tratado diariamente y para el que las desigualdades entre hombre y mujer aún siguen siendo la piedra de tope.

El dinero es un factor importante, aunque no el único, en la vida diaria. Por medio de él y de su manejo adecuado, las parejas consiguen satisfacer necesidades básicas como vivienda, comida, educación y recreación.

“El dinero constituye uno de los factores que puede contribuir al desarrollo de una buena relación, en conjunto con otros aspectos muy importantes como el conocimiento, el respeto y el compromiso mutuo. La falta de dinero en el hogar puede llevar a la pareja a situaciones difíciles y, de hecho, las crisis económicas producen la ruptura de muchos matrimonios, por la vacancia laboral de uno o de ambos miembros” 

Asegura Mónica Silva, psicóloga especialista, de la Organización para la Familia Vivir en Pareja.

Números más, números menos. Problemas más, problemas menos

Sobre los principales inconvenientes que este tema genera en la pareja, la psicóloga, asegura que “cuando el hombre es el proveedor, la experiencia me indica que, generalmente, las mujeres ya no quieren depender de su marido para pedirles dinero. Ellas buscan alguna fuente laboral, aún cuando ellos no quieran. Ese es el primer conflicto, ya que ellas quieren tener sus propios recursos y se rompe el clásico esquema “machista” que todavía está presente en nuestra sociedad”.

La importancia de este tema se ve reflejada en las exigencias laborales que se van auto imponiendo hombres y mujeres llegando, incluso, a repartir su tiempo en más de un trabajo.

Al respecto, Mónica Silva, agrega que “la exigencia actual es tal, que las parejas terminan imbuidas en el trabajo, sintiéndose exigidas en diversos ámbitos, pues al mismo tiempo desean hacerse cargo de sus hogares en los aspectos más prácticos como el aseo, el cuidado de los niños, entre otros. La problemática surge cuando este exceso de horas de trabajo disminuye los espacios de la pareja y los hijos”.

Cuando falta dinero, hoy suele ocurrir que las familias intentan sostener su estilo de vida trabajando más, pero también “es común que cuando se han generado deudas, haya mutuas recriminaciones, se culpen del mal manejo, del exceso de gastos o del poco cuidado en la economía. Hombres y mujeres mantienen muchas veces en secreto cuánto es lo que ganan, o cuánto gastan, para no provocar conflictos. Sin embargo, cuando se abre este secreto, surge claramente una sensación de engaño, de desequilibrio en la relación”, añade la profesional.

Responsabilidad compartida

El escenario ideal es que no surjan problemas cuando uno gana más que el otro, si ambos integrantes consideran un aporte al sustento familiar. En la sociedad moderna, la mujer ha aumentado su presencia en el mercado laboral, lo que significa una mayor participación económica y, por ende, más independencia del hombre.

“Para mí, las labores de la casa también son un trabajo, con el mismo valor de uno remunerado. Y es posible, como he escuchado en algunas parejas, que el que provee defina un “sueldo” para quien se queda en el hogar. No se trata de obligarse a entregar el dinero, es acordar un contrato de pareja”, recomienda la psicóloga

Mónica Silva, además, reconoce que cuando ambos definen que es justo que ella también tenga una plata “ganada” por las labores de la casa, el desequilibrio tiende a desaparecer. “Pero debo especificar que esto ocurre cuando ambos están de acuerdo en que ella debiese privilegiar su rol de dueña de casa y madre. Si no es así, hay que evaluar y definirse por las alternativas existentes”.

Sacando cuentas

A juicio de Mónica Silva, en contraposición a lo tradicionalmente establecido, que el hombre gane menos que la mujer no debería tener gran importancia. “La condición de igualdad entre el hombre y la mujer debiera permitir que tanto él como ella puedan ser más ó menos productivos de acuerdo con sus propias capacidades y fortalezas. Habrá casos en que la pareja pueda asimilar esta situación de una manera comprensiva, pero en otros, el hombre puede experimentar esa pérdida de importancia en lo económico como un sentimiento de fracaso y frustración, que lo pueden llevar a una pérdida gradual de su autoestima, con resultados muy negativos para él y para la pareja. También, pueden presentarse casos extremos en los que el hombre adopta una posición conformista y decide que a la mujer le compete el sustento económico del hogar”, puntualiza.

Según sus años de experiencia trabajando con parejas, Mónica Silva añade que “uno de los acuerdos que más resultados positivos ha dado a las parejas es aportar proporcionalmente a cuánto ganan. Si ambos ganan lo mismo, es 50 por ciento cada uno, pero si él gana un 50 por ciento más que ella, aporta el 70 por ciento de los gastos comunes. El resto del dinero lo pueden gastar a discreción de cada uno. Si ella gasta más que él en sus propios asuntos no habría problema, en la medida que ella siempre aporte su porcentaje a la casa. Esto quiere decir que cada uno tiene su dinero, que no es plata común, pero respetan los gastos conjuntos”.

Negociar para sentirse cómodos

Diariamente, nos enfrentamos a factores de tipo socio cultural que valoran el dinero como un aspecto relevante dentro de la sociedad consumista en que vivimos. Permanentemente, estamos siendo estimulados a través de los medios de comunicación para que compremos todo tipo de bienes de consumo que, aparentemente, nos dan seguridad, posición social, belleza y reconocimiento público. Este marco de referencia, es el entorno donde las parejas se desarrollan.

El dinero es visto como un factor de poder, que permite el logro de todos los objetivos que una pareja se proponga y en este sentido, naturalmente la vida afectiva se ve afectada, porque gradualmente va siendo desplazada por otro tipo de complejidades, en donde el factor económico cada vez cobra más importancia.

Para que los temas relacionados con el dinero sean asumidos como naturales al interior de la pareja, las investigaciones en ésta área plantean que se trata de uno de los tantos tópicos sobre los que se debe negociar y renegociar en la relación. Dejar de lado las expectativas sociales y culturales, dando paso a las características particulares de “ese” hombre y “esa” mujer, es el punto de partida.

Hoy en la pareja no hay nada pre-establecido” de tal manera que todo es sujeto de acuerdos, pero lo importante es que ambos ganen en las negociaciones, y se sientan cómodos con ellas. Ahora, si no logran llegar a acuerdos, es indispensable que piensen en solicitar ayuda profesional, evitando que estos conflictos, a la larga, se transformen en un factor preponderante en una crisis de pareja. Recalca, Mónica Silva especialista de la Organización Vivir en Pareja.